martes, 24 de abril de 2012


Quiero tirar otro día a la basura mientras enloquezco con el sonido del tic tac, dejar de preguntarme a mí misma por qué aún pudiendo no fui más libre, qué clase de seguridad encuentro en las cadenas.
Me enterraría bajo sábanas pensando que el día de hoy no merece la pena si no se vive con ganas, que hoy el sol no promete nada y la lluvia lo deja todo perdido de babas.
Aprovecharía que me encuentro especialmente conmovida para escribir alguna canción, pero no encuentro a quién le debo este honor, qué careta porta hoy la musa, y aunque emocionada me siento apática, no podría cantar tal contradicción.

Seguimos en las mismas simas, estoy construyéndome mis arrugas, mis signos de expresión, mi corteza. Ayer fui árbol, sentí firmeza bajo la planta, enraizarme a la gravedad, sentí el tronco flexible y resistente meciéndose al son de una brisa rítmica, el aire acariciaba cíclicamente el interior de mis pulmones como la mar acaricia la orilla. Por último mi cabeza buscaba luz, se expandía hacia el mundo de las ideas. Y dichoso era ese mundo que me dijo: “Eres una encina. No me gusta, demasiado convencional. Tendría más clase un sauce llorón.”
Pero yo no me sentía de aspecto tan melancólico y romántico, y me observé sin juzgarme. Era una encina y basta.

miércoles, 4 de abril de 2012

Movimiento


Sigue girando el mundo cual peonza en una única dirección aparente, un tiempo fugaz y una estela llena de recuerdos. Me da por asomarme a la ventana imaginando que la vida va hacia delante, aunque sospecho que no es cierto. ¿Quién decidió que el Norte estaba arriba, si en el universo no hay techo ni suelo? ¿Quién inventó la suma y quién decidió ponerle a la resta un menos? ¿Quién se puso la corona y decidió que todo era suyo? ¡Que le corten la cabeza! ¡Que desaparezca el raciocinio! Volvamos a sentirnos animales, reinventemos el equilibrio.
Quisiera mirar por la ventana olvidando que llegará el día de la mudanza, un día acabará esta canción…pero no terminará la danza. Arrancaré el retrovisor y confiaré en que nada me persigue, me sonreiré y tatarearé concentrada en mi despiste.
Naufragaré sin sentirme perdida, cambiaré la popa por la proa y en babor perderé los estribos. Cuando esté a punto de volverme loca me consolaré pensando: peor sería el aburrimiento, y viviré y viviré, o moriré en el intento.