sábado, 31 de diciembre de 2011

Recopilación 2011

Se encabeza el año bailando en el sótano de Casablanca. Luego mi abrigo se convierte en un perro mojado a las puertas del Reina Sofía. No recuerdo si vamos a desayunar.

Fiesta de L-mental en la facultad. Conciertos, sol y calimoxo fresquito. Asambleas, la pecera, charlas. Julio, el caos y los fractales. El césped, la cervecita, la guitarra. Las clases de lenguaje y las de memoria.

London y el octavo inquilino. Perder el barco a la ida, volver a perderlo a la vuelta. Canden town, Paska. Jaime superando las pruebas de Borch, haciendo el payaso. “Jeepers, Creepers” y “pollo pollo pollo”.

Juegos dinámicos y tarta. Notitas elogiadoras para tod@s. Explota el movimiento indignado, se despliega una micro-polis y brotan asambleas, manifestaciones y actividades por doquier.

Fiesta de despedida, acaban las clases. Noches y madrugadas en Tribunal. Desayuno en la cama al son de música francesa bajo un techo estrellado. El templo Debod.

Increíble Ortigueira. Buena energía, tranquilidad, hogueras, raves, playa, conciertos y el puesto. Muchas sorpresas agradables a destiempo. La mejor compañía. Una carrera al mar en bragas y purificación con arena a falta de humo.
Increíble Escocia. Las cervezas en los bares escuchando folk en directo, los enormes campos de batalla, el apestoso Inverness y el negro Glasgow, las cataratas, las siniestras carreteras hacia las highlands llenas de niebla. El lago Ness, el columpio del jardín y naturaleza en su máximo esplendor.

Siena y su color. Risas, sueño e incomprensión absoluta en le lezione, el café en el autobús, la Morreti en la piazza, los conciertos de jazz, el calor. Cinque terre y el baño exprés en el mar, la zanahoria colgante y el grupo de lectura del tren, la victoriosa llegada a la fuente en la cima de la montaña. Transformación de energía con reggea de fondo. Paul pintando círculos en el suelo, Gwen colgada de cualquier lado, Sandra y su ironía, Gema y sus ataques de risa, Jorge hablando de caca, Javi y su buen royo, Johanes bailando, Daniel y el ciocolatto.
El último piti en la azotea. Guitarra y vino en el giardino, e italiano con mil acentos.

Despedidas varias y alguna huida. Futuristas contra medievales en casa de Mon y desayuno y comida. Las eché tanto de menos.
Llegada a Trieste y cena en la pizzería de Diego. Todo es nuevo.

Alfredo y Miquel enseñándome a vivir más y pensar menos. Las excursiones de los domingos, el ruso blanco y el spritz. Balcan, cenas, los atardeceres en el muelle. Tesifonte y su cortesía, asambleas en la piazza, mochileros, las cántabras, los italianos. El tenderete asesino, el conejo Vini, Jamm session, jazz, Croacia, un mapa en mi espalda y un largo etcétera.

Reencuentros, recuerdos, chocolate. Una noche de Beatles, Bob Marley y futbolín, el rodaje de Sin Konzienzia, un café en lavapiés. 

Y ahora ya sólo quedan 12 uvas para el próximo capítulo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011


¡Oh dios mío! Las paredes se extienden a una velocidad espantosa; van hacia arriba y hacia los lados, disparadas. ¿Me estoy cayendo? Siento vértigo desde el estómago hasta la garganta, pero mis pies siguen tocando el suelo.
Es la habitación que se está haciendo enorme, ¿qué pasa? ¿qué hago?
¡Joder! no es sólo la habitación, todo alrededor se está expandiendo en todas direcciones, alejándose de mí. Pero las cosas siguen guardando entre sí las mismas proporciones, así que puede ser que no sea el mundo que se está deformando, si no yo que estoy encogiendo. Sí, es eso.
He pasado de metros a decámetros, y de éstos a centímetros, y ahora soy tan pequeña que creo que mi meñique mide un milímetro.
Uf… qué agobio ser así… de repente.
Vamos Alicia, respira… joder qué agorafobia, ¡qué grande me viene todo ahora! ¿Cómo voy a enfrentarme al mundo siendo así de minúscula? Me siento débil e indefensa. Sólo quiero hacerme un ovillo en la esquina y vigilar que nada se me acerque. No me siento capaz de nada.
Y así aguanto unos minutos, agarrándome fuertemente los brazos con las manos, con los ojos abiertos como platos mirando a todos lados rezando que por favor no pase nada. Y si no era ya suficientemente pequeña, además me siento y me encojo, me encierro en mí misma entre mis rodillas.

Me imagino vista desde fuera, y me siento tan ridícula… pienso en cuando era grande. Entonces la vida parecía más fácil y yo más fuerte. Y miro hacia arriba y empiezo a asimilar que tengo que moverme, tengo que hacer algo. Buscando en mi cabeza apenas encuentro posibles estrategias, vaya… cuando era grande pensaba que era más inteligente. La situación está a punto de superarme e intento mantenerme en ese punto hasta que se me ocurra algo, me concentro en no perder el control. Vuelvo a mirar de un lado a otro, buscando no sé el qué, algo a lo que aferrarme, alguna pista, alguna herramienta o quizá alguna respuesta.
Entonces la veo: una puerta. Es diminuta, nunca me había fijado en ella antes. Cuando se es grande, una no se fija en los detalles ni en las minimeces. Cuando se es grande, una es demasiado importante como para preocuparse en chorradas. Pero ahora que soy pequeña, me empiezo a dar cuenta de lo idiota que era por pensar así, empiezo a entender que me falta mucho por aprender y que tengo aún todo a medio hacer.

Me estoy motivando y empiezo a deshacerme del miedo. Un valor creciente me impulsa hacia la puertecita, estoy preparada para descubrir algo desconocido. Me late el corazón a mil, y un cosquilleo me recorre las venas. Mi mano ya está sobre el pomo, y me viene a la mente cómo mi tocaya descubrió un país maravilloso gracias a hacerse pequeña después de llorar. Me pregunto si será el mismo lugar el que me espera, y trato de grabarme en la mente que a veces es necesario sentirse pequeñita para poder crecer.
Abro.

viernes, 23 de diciembre de 2011

maletas, macetas, poca luz y frío


Aún sigue el juicio.
La última vez en la sala los cuatro se intercambiaban papeles continuamente asegurando ser juez, víctima y verdugo; todos se señalaban entre ellos con el dedo ansiosos de dar sentencia, pero jamás nadie asumió ser culpable.
Me han llamado una vez más a declarar pues fuí testigo en su tiempo.
Ya apenas me acuerdo, ya no sé qué fue real y qué no fue cierto, pero sospecho que todos fuimos cómplices.
Me encantaría preguntarle a Kafka cómo acabar esta historia, estoy tan cansada…

martes, 20 de diciembre de 2011

No se puede, pero se podría.
He aquí la contraseña secreta para dejar entreabierta la puerta de lo prohibido.
Ya sólo queda sobornar al guardián.
Atención, es  difícil engañarlo... me conoce muy bien, pues no es nada menos que mi propia conciencia. ¿Con qué puedo comprarlo? Ya no queda apenas nada en mis entrañas que no sea suyo.
El guardián baja la cabeza y sin dejar de mirarme fijamente sonríe hacia un lado.
Empieza la subasta.
¿Qué será esta vez: orgullo, vergüenza, dignidad, querer?
Convendría hacer balanza de lo que se gana y lo que se pierde a ver si merece la pena... ¡pero qué más da! ¿Está prohibido, no? Enconces lo quiero.


jueves, 15 de diciembre de 2011

Condicional imperfecto


Eduardo manos tijeras quería ser masajista,
Y el que padecía acrofobia, trapecista
El obediente se cansó de doctrinas, quería ser artista
Y la irritable perdonar todo aquello que la crispa.

La gata soñaba ser roedor, la rata elegante
Y el lobo feroz un parsimonioso rumiante
El vago trabajador, la muda cantante
El cojo corredor, y el fiel un gran amante

La vergüenza quería ser descaro, la decisión duda
El miedo soldado y la fragilidad armadura
“¡quiero ser sol!” entre reflejos gritaba la luna
“¡quiero ser mar!” maldecía al viento la duna

Tan arriba como las montañas quería llegar el fiordo
Stan Lauren en el cine quería ser el gordo
El invierno ser primavera, y el Edén Mordor
La parte ser entera, y músico el sordo… se llamaba Beethoven

martes, 13 de diciembre de 2011

por antonomasia


Tú no me conoces. No soy esa, al menos no toda. Sólo te he mostrado parte de mí, pero tengo tantas caras diferentes como Bryan Lewis Saunders en sus cuadros.

No has visto más que algún reflejo de mis cristales, y ni siquiera formaron vidriera.
Voy girando dando vueltas sobre mi cabeza, soy un caleidoscopio.

Sólo conoces de mí la orilla, el sosiego de mi cuerpo. Pero encierro un mar lleno de criaturas salvajes que jamás imaginarías. Nunca me has oído gritar, nunca me has sentido explotar y expulsar hacia fuera mis adentros, mis mayores fuerzas. Me he mantenido temple y plácida, en un estado simple, sepultando bajo láminas de piel todo aquello que me mueve.
No sospechas cuánto odio albergo ni cuánta pasión por dentro.

A veces no soy más que un manojo de eufemismos e interpreto el rol correspondiente. Contengo las ganas de lanzarme a tu cuello, ya sea para besarte o estrangularte. Contengo la risa y el llanto, contengo la respiración y el suspiro, y escondo las manos para que no las veas temblando.
A veces sólo soy un atajo de pseudónimos: Soy un nombre, un pronombre, un ser vivo.
Otras tantas sin embargo, me muestro sin tapujos ni tabúes. Natural como me siento, auténtica. Dejo que el cuerpo me lleve, le cedo a mis pensamientos los labios y a mi corazón las manos.

Si fuese color sería verde.
Aunque no es del todo cierto, pues también sería roja, y en ocasiones gris. Más amarilla que rosa, y algún día me teñiría negra.

Soy enamoradiza, amo tanto a tanta gente… y sin embargo, me atrevería a jurar que nunca en mi vida me he enamorado realmente. Me despreocupo y ocupo de todo un poco, me intereso y aburro por cualquier cosa, me quedo sin paciencia y sin prisa; me arrabio, me calmo, me rompo y refuerzo.
Y después de todo no estoy diciendo nada, pues la media de las variables y sus valencias dan igual a cero.

muro de Berlín


Qué añadir de más a esta asamblea de ideas rotas e inconexas. Sería lo propio reorganizarlo y estructurarlo, sacar algo en claro y hacerlo un poco más literario.
Pero (otra vez ese apunte adversativo) esto soy yo… o al menos en parte.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Cómo renunciar

  
¿Sigo caminando? Tengo tanta hambre… y allí al fondo me espera el manzano.
Al principio era motivador verlo, pero ahora no hace más que joderme. Llevo andando tanto que he perdido la noción del tiempo; ya no recuerdo si se ha caído el sol, si las estrellas han goteado el cielo, si se ha vuelto a asomar, o si siempre han sido y media.

Tampoco sé cuántos pasos llevo; sólo pienso en el manzano, todo lo demás me es secundario. A veces, siento que estoy tan cerca de alcanzarlo que empiezo a salivar y casi estoy apunto de extender la mano. Otras tantas, sin embargo, la distancia se hace tan abismal que pienso en dejarlo.

Supongo que podría hacerlo, al fin y al cabo el sendero está plagado de matorrales con fresas que pueden saciar de sobra mi estómago. Ya he recurrido a ellas más de una vez, sentadita en el suelo descansando los pies o tumbada mirando al cielo las degusto despacio. En esos momentos me siento tan satisfecha que se me olvida la tontería del manzano, incluso creo que me gustan más las fresas, así tan dulces… pero entonces miro a lo lejos y allí sigue temple aguardando, y no puedo evitarlo… me está llamando. Maldito árbol.


¡Basta! Pienso echar a correr directa al él y no parar hasta alcanzarlo. Correr hasta que me tiemblen las piernas si hace falta, aunque me cedan, aunque mi corazón quiera explotarme en la garganta, correr como una descosida ¡y si me muero de hambre que me muera!
Pero antes voy a pararme otro ratito a coger fuerzas… y un par de fresas. 


Cuadro: "Le fils de l´homme" - René Magritte