Residuos de una sociedad que usa como vara de medir la competitividad y cuyo fin es crecer no por dentro si no entre la gente.
Qué más da sentirse bien, quiero sentirme mejor que el resto, quiero extinguir los celos y la envidia siendo la reina de los placeres, la más famosa de los magacines.
Para ello la sociedad pone a disposición mil y un instrumentos, así una puede venderse, publicitarse, publicarse. La más guapa gracias al maquillaje, la más popular gracias a seguidores virtuales, la más más y la muy muy.
Se reduce un abanico de posibilidades a una escala hedonista que se mueve entre Bien-Mal, y así nuestra cabeza pondera un sin fin de juicios y valora un sin fin de hechos. Cuidado, no hay que olvidar que Bien y Mal son inventivos y a veces, y digo a veces, son insuficientes. No abusaré de Nietzsche para explicar a Hitler, pero acusaré a esta dicotomía Bien-Mal de crear todo un monopolio sobre terrenos que no son suyos.
Así, por ejemplo, vendrá la estética a decirnos que ser delgada o rellena está bien o mal (bueno o malo) según la época, al hombre le dirá que ahora tampoco le queda bien tener tanto pelo, y a la anciana que se deshaga de las huellas expresivas que quedaron en su cara marcada.
Siguiendo esta línea de discurso, vendrá la religión a decirnos que matar o robar está mal... dependiendo de quien lo haga... o mejor dicho dependiendo de honor a quién. Y aquí la ética y molar harían un apunte: dependiendo más bien a quién.
El amor y el odio también están bien o mal según a quién se lo procuras, y todo un mercado se despliega para que puedas ejercerlo.
¿Amas a alguien? ¡Cómprale algo! Es más, ¡tiremos la casa por la ventana! ¿Hagamos del amor en sí una mercancía de consumo! Queramosnos entre todos, pero no de una manera natural y hermosa, eso no alimenta a la mentalidad capitalista, queramosnos con recelo, busquemos ser la más querida para presumir de ello, sintamosnos deseada eclipsando nuestro propio deseo, transformándolo en el que tendría un producto: quiero ser la más demandada.
¿Verdad que da náuseas? Nos equivocamos de etiqueta.
No somos objetos inertes, no somos parte de un mercado competitivo, no somos ni buenas ni malas, y si pensamos que todo se puede comprar acabaremos utilizando la vida como moneda de cambio. Y si pensamos que todo se puede consumir en vez de crecer acabaremos consumiéndonos con los años.