miércoles, 16 de mayo de 2012


Recoloco los platos, cambio las flores marchitas del jarrón y me quedo mirando los cubiertos. No recuerdo si el tenedor tendría que estar a la izquierda o a la derecha. Es igual, mis invitados no repararán en ello.
Tengo ganas de verlos, y revivir viejos tiempos. Últimamente ha habido mucho ajetreo y no hemos podido coincidir. Empezamos la senda juntos, pero cada uno se fue perdiendo entre diversos juncos. Es natural, la vida es movimiento.
Se está quedando fría la comida. Es hora de que les llame y les avise del evento.
Cojo el teléfono y empiezan las llamadas, al otro lado del auricular las excusas. Hoy no es el día. Hoy será un día más, o quizá un día menos.
Miro alrededor: sillas vacías, cubiertos mal colocados y una botella de vino cerrada. Es bonito beber vino en compañía, pero beberla sola sería demasiado triste.
Moralejas de antiguas andaduras acechan mis pensamientos. Historias análogas me vienen en mente, ¿qué habrá cambiado? Todo, obviamente. La vida es cambio.
No, no es momento de melancolía o nostalgia. Es momento de coger el siguiente tren.

domingo, 13 de mayo de 2012


Si no quieres que te mientan, no preguntes - mencionó Irvine Welsh en varios de sus libros.

Siempre supe que habrías de tener dos caras, te imaginé como luna que deja en sus espaldas un negro sombrío y trata de mostrar al mundo su mejor haz de sonrisa.
Eres agua salada.

Si no quieres que te mienta, no me preguntes - dijo en la gran pantalla un Rocknrolla.

Sí, tienes dos caras, una es máscara y la otra es piel y carne. He conseguido entender por qué te escondes. Se acerca la madrugada y el baile de disfraces llega a su fin.

Hagamos esgrima con nuestras largas narices de madera.
Baila palabra, baila.

El poeta no está enamorado de su musa, si no de su propia letra.



Si no quieres que te pregunte, no me mientas. 



miércoles, 9 de mayo de 2012

Ensayo de una noche sin sueño

Residuos de una sociedad que usa como vara de medir la competitividad y cuyo fin es crecer no por dentro si no entre la gente.
Qué más da sentirse bien, quiero sentirme mejor que el resto, quiero extinguir los celos y la envidia siendo la reina de los placeres, la más famosa de los magacines.
Para ello la sociedad pone a disposición mil y un instrumentos, así una puede venderse, publicitarse, publicarse. La más guapa gracias al maquillaje, la más popular gracias a seguidores virtuales, la más más y la muy muy.

Se reduce un abanico de posibilidades a una escala hedonista que se mueve entre Bien-Mal, y así nuestra cabeza pondera un sin fin de juicios y valora un sin fin de hechos. Cuidado, no hay que olvidar que Bien y Mal son inventivos y a veces, y digo a veces, son insuficientes. No abusaré de Nietzsche para explicar a Hitler, pero acusaré a esta dicotomía Bien-Mal de crear todo un monopolio sobre terrenos que no son suyos.
Así, por ejemplo, vendrá la estética a decirnos que ser delgada o rellena está bien o mal (bueno o malo) según la época, al hombre le dirá que ahora tampoco le queda bien tener tanto pelo, y a la anciana que se deshaga de las huellas expresivas que quedaron en su cara marcada.
Siguiendo esta línea de discurso, vendrá la religión a decirnos que matar o robar está mal... dependiendo de quien lo haga... o mejor dicho dependiendo de honor a quién. Y aquí la ética y molar harían un apunte: dependiendo más bien a quién.

El amor y el odio también están bien o mal según a quién se lo procuras, y todo un mercado se despliega para que puedas ejercerlo.
¿Amas a alguien? ¡Cómprale algo! Es más, ¡tiremos la casa por la ventana! ¿Hagamos del amor en sí una mercancía de consumo! Queramosnos entre todos, pero no de una manera natural y hermosa, eso no alimenta a la mentalidad capitalista, queramosnos con recelo, busquemos ser la más querida para presumir de ello, sintamosnos deseada eclipsando nuestro propio deseo, transformándolo en el que tendría un producto: quiero ser la más demandada.

¿Verdad que da náuseas? Nos equivocamos de etiqueta.
No somos objetos inertes, no somos parte de un mercado competitivo, no somos ni buenas ni malas, y si pensamos que todo se puede comprar acabaremos utilizando la vida como moneda de cambio. Y si pensamos que todo se puede consumir en vez de crecer acabaremos consumiéndonos con los años.