martes, 29 de noviembre de 2011

Improvvisando nel mollo

 El mar, gran bestia que eriza su lomo cuando sopla el viento.


 
Trieste, la ciudad de los paraguas rotos, de palomas estáticas y estatuas de enigmáticos ojos. En la esquina, escondida, guarda recelosa sus secretos y aunque tantos vienen de paso, tantos otros se quedan a conocerlos. Senos de montaña musga y una retina de Sauron que atenta por la noche alumbra a navegantes que vienen a verla. Ya se siente resonar los pasos de la bora que debora a su paso lo que se interpone en su camino, retumbando en los oídos susurrando entre dientes: shhh… te confesaré qué duerme tras el sol poniente.

Por ahora se siente calma, aunque es un arma de suspense. Mientras nuestras almas en puntos suspensivos se mantienen. Se entretienen entre tanto ahogando su llanto en el muelle, vomitándolo, discretamente, en las orillas de piedra hacia mar adentro, echando en cáscaras de nuez deseos y recuerdos que se difuminarán, como los barcos, en el horizonte del tiempo.

Hubo quien se quedó todo esto en su memoria y perturbados en su paranoia farfullan desgraciados sus historias y explotan carcajadas con euforia carcomidos por un sino de guerras sin Troya. Sin tregua sigue la vida plena, retórica, retorcida y pletórica, donde la añoranza araña en ocasiones y sesiones de aventuras y hazañas compensan la balanza de emociones; te abrazan sensaciones y sensata te dejas llevar sin contemplaciones. Se llenan las noches de festejos y alcohol, entonces, lejos del sol, traviesas diversiones y diversas disfunciones atraviesan de Oeste a Este nuestras bravas actuaciones. Intenciones intensas tensan la cuerda y entre equilibrios recordamos que no estamos tan cuerdos ni tan locos como fingimos. Sólo un poco embriagados, y ubriacatos qualque volta, por esta ciudad y lo que cuenta, porque sin darnos cuenta enamora.

lunes, 28 de noviembre de 2011

No era Shakespeare

¿Dónde estás Musa? Háblame. Pero no de mí. No quiero una alterego de protagonista, busco algo nuevo.

¿Cómo encontrarlo en mi cabeza? Si está todo tintado de mí, si sólo puedo recordar lo que hice mío y sólo puedo imaginar lo que sé. Únicamente en sueños me desvío, y por ello desconcertada al despertarme me pregunto ¿por qué? ¿qué tiene esto que ver conmigo? Y ya ves, que por no querer, al final se plaga esta hoja de autorreferencias. No pienses en un elefante rosa... cómo no hacerlo.

Y tú, musa, ahí sigues callada observándome, aguantándote la risa. Escondida en la luna cuando la enamorada llora, escondida en la duda que la filósofa interroga, o en el final de una botella cuando la borracha implora por Dios sacies su sed cual cantimplora.

Deja un poco de tu sangre en el tintero,  y un último aliento en el cenicero; esta noche te dejaré marchar… pero que sepas primero que… para qué seguir si ya no estás, me has dejado tirada en el último verso.

martes, 22 de noviembre de 2011


Cortando el filetón le columpia la chicha del brazo de un lado a otro. Hace bocados que sació su hambre, pero aún hay espacio en su desmesurada barriga.
Parece un puerco, así tan rosado y mofletudo; acompasa el masticar con ruidos nasales.

Aunque se trata de una cena informal todos los comensales van trajeados. Las vacaciones están próximas y los empresarios comentan sus posibles viajes: Un crucero de lujo, un resort de cinco estrellas, una escapadita al Caribe…
Llega el momento entonces de hablar de los negritos, y dedicarles unas humildes frases:
- Pobrecillos dominicanos, que viven en chavolas a medio construir- Suelta el de la corbata verde.
- Y qué me dices de Haití, con cadáveres pudriéndose en medio de la calle- Suelta el otro con la boca llena- Ahí no tienen ni pa´ comer.

Le siguen un par de comentarios del estilo, todos participan en este guiñol, todos menos él, que se encuentra aturdido y molesto.
Hablan con la mirada fija en el plato, deseando que este tema acabe ya.
No es un estado reflexivo ni mucho menos de vergüenza, es una situación incómoda, tienen miedo a que alguien les apunte como cómplices. Es una idea que rápidamente desechan, ya que ellos ni pinchan ni cortan, sólo son parte de un sistema mal diseñado, sólo cumplen su trabajo. Aún así siguen sin mirarse a los ojos, sospechan.

- Este costillar está de puta madre.- Comenta convencido el bigotudo señor Smith.

Él se siente encoger el corazón, se limpia el sudor de la frente  y afloja un poco su corbata. Hormiguea su pecho.
¿Será posible que después de tantos años haya despertado en él un ápice humano? ¿se estará dando cuenta por fin que no es ajeno a la paupérrima realidad que plaga la tierra? ¿será esto lo que siente cuando está conmovido? ese ahogo, esos pinchazos, esos calambres, la cabeza morada a punto de estallar… a no, esto es propio de un infarto.
No era la conciencia, era colesterol.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Grotta gigante


Bajábamos por la garganta de la tierra dejando encima de nuestras cabezas afilados incisivos blancos, e instintivamente disminuimos el tono para no hacer retumbar las tripas de la cavidad, para que esos cientos de colmillos no nos cayesen encima, que no rugiese el hambre.
En medio un péndulo hacía de campanilla, recubierto por una saliva de plástico, diré más: habían dos, uno no sería suficiente entre tantos dientes. Ésta es una cualidad innegable de lo grotesco: elevar las partes al cuadrado, si cabe al cubo; ¿tienes un perro? Añádele otra cabeza, ¿tienes una serpiente? Añádele otra lengua, ¿un pez? Ponle otro ojo, y si quieres hacerlo un poco más monstruoso basta que le añadas otro más.
Y allí estamos nosotros, descendiendo por su faringe, entre columnas de seca mucosa.


Cuanto más profundo íbamos, más profundizaba mi mente entre metáforas.

Se me ocurre que en el interior del ser, se encuentran a su vez otros tantos formando su figura de manera aparentemente inerte, como hace nuestro propio cuerpo.

Cambiando la lente a una visión microscópica, pero de macro sustancialismo, se me abre otro escenario. Dejando intacta la materia, mi imaginación cambia el diseño y emprendedora moldea otra fábula:

Ahora descendemos al interior de una cámara de debate, estamos justo en medio de dos fuerzas bipolares: por un lado, arriba, brilla un cielo refrigerado y se asoman las criaturas de fina porte y largo cuello. Por el otro, brota del subsuelo cuerpos amorfos de color barro llenos pliegues y verrugas, alimentados gota a gota por los ángeles. El coloquio comenzó hace siglos. En cuarentena reflexionan y discuten en un lenguaje anterior al tiempo. Mientras el cielo se abre. Preside en una posición central el más alto de los bultos, pensativo y silencioso. Pasamos sin molestar, seguimos procurando no hacer ruido, guardando el respeto requerido. Atónitos miramos sin poder escuchar nada. No sabemos en qué punto del debate están, en qué letra de qué palabra, ni cuándo llegará la sentencia… pero intuimos cual será. Se sigue deshaciendo el cielo.