Recoloco los platos, cambio las flores marchitas del jarrón
y me quedo mirando los cubiertos. No recuerdo si el tenedor tendría que estar a
la izquierda o a la derecha. Es igual, mis invitados no repararán en ello.
Tengo ganas de verlos, y revivir viejos tiempos. Últimamente
ha habido mucho ajetreo y no hemos podido coincidir. Empezamos la senda juntos,
pero cada uno se fue perdiendo entre diversos juncos. Es natural, la vida es
movimiento.
Se está quedando fría la comida. Es hora de que les llame y
les avise del evento.
Cojo el teléfono y empiezan las llamadas, al otro lado del
auricular las excusas. Hoy no es el día. Hoy será un día más, o quizá un día
menos.
Miro alrededor: sillas vacías, cubiertos mal colocados y una
botella de vino cerrada. Es bonito beber vino en compañía, pero beberla sola
sería demasiado triste.
Moralejas de antiguas andaduras acechan mis pensamientos. Historias
análogas me vienen en mente, ¿qué habrá cambiado? Todo, obviamente. La vida es
cambio.
No, no es momento de melancolía o nostalgia. Es momento de
coger el siguiente tren.
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