¿Cómo encontrarlo en mi cabeza? Si está todo tintado de mí, si sólo puedo recordar lo que hice mío y sólo puedo imaginar lo que sé. Únicamente en sueños me desvío, y por ello desconcertada al despertarme me pregunto ¿por qué? ¿qué tiene esto que ver conmigo? Y ya ves, que por no querer, al final se plaga esta hoja de autorreferencias. No pienses en un elefante rosa... cómo no hacerlo.
Y tú, musa, ahí sigues callada observándome, aguantándote la risa. Escondida en la luna cuando la enamorada llora, escondida en la duda que la filósofa interroga, o en el final de una botella cuando la borracha implora por Dios sacies su sed cual cantimplora.
Deja un poco de tu sangre en el tintero, y un último aliento en el cenicero; esta noche te dejaré marchar… pero que sepas primero que… para qué seguir si ya no estás, me has dejado tirada en el último verso.
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