No se puede, pero se podría.
He aquí la contraseña secreta para dejar entreabierta la puerta de lo prohibido.
Ya sólo queda sobornar al guardián.
Atención, es difícil engañarlo... me conoce muy bien, pues no es nada menos que mi propia conciencia. ¿Con qué puedo comprarlo? Ya no queda apenas nada en mis entrañas que no sea suyo.
El guardián baja la cabeza y sin dejar de mirarme fijamente sonríe hacia un lado.
Empieza la subasta.
¿Qué será esta vez: orgullo, vergüenza, dignidad, querer?
Convendría hacer balanza de lo que se gana y lo que se pierde a ver si merece la pena... ¡pero qué más da! ¿Está prohibido, no? Enconces lo quiero.
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