Fiesta de L-mental en la facultad. Conciertos, sol y calimoxo fresquito. Asambleas, la pecera, charlas. Julio, el caos y los fractales. El césped, la cervecita, la guitarra. Las clases de lenguaje y las de memoria.
London y el octavo inquilino. Perder el barco a la ida, volver a perderlo a la vuelta. Canden town, Paska. Jaime superando las pruebas de Borch, haciendo el payaso. “Jeepers, Creepers” y “pollo pollo pollo”.
Juegos dinámicos y tarta. Notitas elogiadoras para tod@s. Explota el movimiento indignado, se despliega una micro-polis y brotan asambleas, manifestaciones y actividades por doquier.
Fiesta de despedida, acaban las clases. Noches y madrugadas en Tribunal. Desayuno en la cama al son de música francesa bajo un techo estrellado. El templo Debod.
Increíble Ortigueira. Buena energía, tranquilidad, hogueras, raves, playa, conciertos y el puesto. Muchas sorpresas agradables a destiempo. La mejor compañía. Una carrera al mar en bragas y purificación con arena a falta de humo.
Increíble Escocia. Las cervezas en los bares escuchando folk en directo, los enormes campos de batalla, el apestoso Inverness y el negro Glasgow, las cataratas, las siniestras carreteras hacia las highlands llenas de niebla. El lago Ness, el columpio del jardín y naturaleza en su máximo esplendor.
Siena y su color. Risas, sueño e incomprensión absoluta en le lezione, el café en el autobús, la Morreti en la piazza, los conciertos de jazz, el calor. Cinque terre y el baño exprés en el mar, la zanahoria colgante y el grupo de lectura del tren, la victoriosa llegada a la fuente en la cima de la montaña. Transformación de energía con reggea de fondo. Paul pintando círculos en el suelo, Gwen colgada de cualquier lado, Sandra y su ironía, Gema y sus ataques de risa, Jorge hablando de caca, Javi y su buen royo, Johanes bailando, Daniel y el ciocolatto.
El último piti en la azotea. Guitarra y vino en el giardino, e italiano con mil acentos.
Despedidas varias y alguna huida. Futuristas contra medievales en casa de Mon y desayuno y comida. Las eché tanto de menos.
Llegada a Trieste y cena en la pizzería de Diego. Todo es nuevo.
Alfredo y Miquel enseñándome a vivir más y pensar menos. Las excursiones de los domingos, el ruso blanco y el spritz. Balcan, cenas, los atardeceres en el muelle. Tesifonte y su cortesía, asambleas en la piazza, mochileros, las cántabras, los italianos. El tenderete asesino, el conejo Vini, Jamm session, jazz, Croacia, un mapa en mi espalda y un largo etcétera.
Reencuentros, recuerdos, chocolate. Una noche de Beatles, Bob Marley y futbolín, el rodaje de Sin Konzienzia, un café en lavapiés.
Y ahora ya sólo quedan 12 uvas para el próximo capítulo.
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