miércoles, 18 de enero de 2012


Un prado verde y fresco, en pendiente, y yo tumbada bajo la sombra del único árbol de la colina. La brisa es perfecta, el aire limpio, y el sol se desploma a lo lejos poniendo el cielo perdido de sangre.
Oigo un trinar alegre y entonces me percato que a mi vera hay un pajarillo haciendo gárgaras. A su lado otro pajarillo gorgojea, se aclara la garganta. Y así, sin quererlo ni beberlo, empieza éste último un soliloquio.

- Qué bello atardecer querido amigo.

(Silencio)

¡oh mierda! He sacado el tema del tiempo. Ahora parecerá que no tengo nada que decir y que estoy nervioso, y que soy soso. El tiempo es un tema mancillado, casi un tabú, casi como sentenciar un “pues nada” o un “pues eso, aquí estamos”. Sólo los ancianos saben hablarlo con elegancia y soltura. Ay Enrico, no te vayas por las ramas, ¡Corre! ¡Habla maldito!

- Pues sí pues sí… ahí está el sol ocultándose a lo lejos…

Imbécil. ¿ocultándose?¿ Ahora qué vas de poético? No podías decir se va poniendo, como todo el mundo. Aunque hay que admitir que ponerse es un verbo más bien injurioso.

- Hablando de ocultar, ¿sabes que dicen que lo que ocultamos es lo que mejor nos define? Sí puede ser, sí…

(Silencio)

- ¿No te parece ridículo? O cuanto menos irónico, que la más fiel definición de uno mismo sea un secreto. Pues te confesaré algo íntimo mío, para que me vayas conociendo: yo... eh, yo… tengo vértigo. Sí así es, soy un jodido pájaro con vértigo. Ya podría haber nacido rana, o león, o qué coño, ya podría haber nacido sin vértigo. Eh que no es tontería, que lo paso muy mal cuando salís todos en banda y tengo que disimular y aguantarme la adrenalina, que a veces pienso que voy a explotar, ahí moviendo las alas a trompicones falso y rígido, y pensando sólo “madre qué alto vamos”. Fíjate en mi cara la próxima vez ya verás ya, te vas a reír. Eh, pero no se lo digas a nadie esto.

Enrico mira al otro pájaro, le devuelve la mirada pero sigue sin decir ni pío.

- Qué bien poder contarte estas cosas, poder contar contigo. Me he quedado de rechupete soltándolo. ¿Sabes? Con la mirada ya me lo dices todo querido amigo, me transmites serenidad, confidencia. Me encanta estar así tan a gusto contigo.

(Silencio)

 Jajajajaj soy un puto pájaro con vértigo, ya hay que ser triste.

- ¡Jajajajajaj! Joder qué absurdo. Y tú ahí pasmado que no dices nada, qué coño me vas a transmitir serenidad, si no tengo ni pajolera idea de qué te está pasando por la cabeza. Qué, ¿te ha comido la lengua el gato? Para mí que te la refanfinfla todo esto, que ni me estabas escuchando.

Por fin el otro pájaro se digna a abrir el pico y suelta:

- Si no he dicho nada es porque los pájaros no hablan, gilipoyas.



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