Las despedidas son tan absurdas, especialmente para quienes no creemos en los finales.
Reservamos nuestros mejores augurios y más fuertes abrazos para el último momento. Varias frases hechas, sentidas y sin sentido, y algún que otro beso.
Qué peligro dejar lo esencial para el último adiós, porque la vida es impredecible, el tiempo contado, y puede darse que las agujas se disparen y me tenga que ir corriendo. Entonces ¿qué pasará con todo aquello que no dije?
Sí, las despedidas son absurdas, y aún así… me faltó tiempo. Aún así me despediría con mi mejor último abrazo, mi mejor último beso. Aún así daría letra a mis latidos y juraría echar de menos. Aún así dataría ya la fecha para el reencuentro y suavizaría diciendo que el tiempo vuela y que queda poco para vernos. Y aún así… desaparecí sin más.
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