lunes, 23 de enero de 2012


Te vigilo con un ojo entreabierto… ¿con qué estás soñando? Cuéntamelo todo.
Quiero saber qué te roe, qué te inquieta. Quiero saber no sólo qué has vivido, también qué has pensado y sentido. Quiero saberlo todo de ti, quiero destriparte.
Suéltame un monólogo, deja caer tu chaparrón sobre mí, empápame, cálame y déjame ver tu esqueleto. Y luego vete, deja el punto de interrogación yo cogeré la hoz e iré en tu busca, depredadora, ansiosa.
Preséntate como el personaje de un libro, elige el número de páginas que quieras pero déjame leerte entero, todavía tenemos tiempo.
Aún no te das cuenta de lo fascinante que eres.
Quizá porque aún no encontraste un contenedor donde vomitarte, donde despotricar a gritos disparando balas de saliva, donde alabar de rodillas sumiso y plegado, donde contar aquello que ni siquiera tú escuchaste pero que recubre tus venas formando una película impermeable.
Puede darse que hayas gritado alguna vez y sólo hayas encontrado eco. Ecco! Tutti fanno in realtà lo stesso. Esto es una sala de espera, y detrás de esa puerta hacen el casting. Aprendiste tu papel, como tantos otros. Lo repasas a gritos, mascullando o en silencio. Nadie escucha, la gente ya no tiene sitio en sus adentros, sólo quieren desprenderse y hacer hueco. El espacio es finito, però non finito. Lucha, sigue, tus latidos te alientan cual hincha poseído: hu, hu, hu. Y en este punto es cuando podrías permitirte reírte de ti mismo.
Yo te espero tras la puerta, diría que absorbo como Henry Miller la historia de quienes se interponen en mi camino, pero tantas veces hago oídos sordos. Estoy esperando una historia que me conmueva y apasione, y tú eres el trovador predilecto. Te haría entrar el primero, pero no conviene, no sea que sospeche el jefe. Además quién sabe, luego la gente te sorprende. Es agradable estar aquí sentada mirando el mundo, reflexionando sobre la condición humana y evaluando cuánto se asemeja la gente y cuánto de diferente es. Además, en el fondo, es divertido, porque sé que nadie quiere el papel. Al fin y al cabo, el ego siempre vence.

No hay comentarios:

Publicar un comentario